Cuanto quisiera desescribir mis palabras,
jamás pronunciarlas,
aguardar por siempre en silencio.
Cuanta pena siento por ellas:
siempre tristes, siempre olvidadas.
Cuanto amor en el espejismo y el ensueño,
cuanta pasión y anhelo…
Pero ahora,
sin la niebla del deseo que todo lo vela,
te veo como eres y no quería que fueses:
una realidad amarga como todas.


