viernes, 29 de abril de 2011

Amar...


Creo que nunca comprendí del todo ese asunto del amor: 
Se me escapaba de las manos, como un pez en el mar, 
dejándome siempre con hambre 
y un sin sabor en la boca causado por el esfuerzo.

Amar –al igual que pescar- 
exigía una paciencia y una fe que los años se llevaron de mi cuerpo. 
De este cuerpo que lentamente se ha vuelto agrio para el amor.

Nunca logre encontrar la palabra precisa 
para ese extraño sentimiento 
que inundaba en las noches mi cuerpo con temblores, 
bañándolo en sudor 
y dejándolo con todas las células fuera de lugar. 
Noches febriles seguidas de mañanas frías 
y llenas de un estupor que me arrastraban al borde de la locura.

Amar me desorganizaba el cuerpo y me cansaba el Alma.

domingo, 24 de abril de 2011

Del ¿Por que escribo?

Sí, tiene usted toda la razón. Hay ocasiones en las cuales escribo sin pensar que estoy diciendo alguna cosa. Escribir así me corta el aliento pues me enfrenta a la cuestión un poco neurálgica del ¿Por que escribo? 

Debo decir que escribo por el puro placer de escribir. Escribo para no morir de vida. Aunque hacerlo me duela casi hasta el desmayo. 


Escribir es pintar mi alma. Espero entienda lo que trato de decirle. Cada palabra es una pincelada. Por eso al final no todo tiene que tener algún sentido. Es pintura. Algunos cuadros se experimentan, eso escuche algún día que hoy no recuerdo. Es igual, al escribir me experimento, me noto, me percato de mi mismo.

Si mal no recuerdo lo primero que pinte fue mi cuerpo, es decir, lo primero que note fue que tenía un cuerpo. Ahora –creo- tengo más cuerpo. Es el mismo, por supuesto, pero habla mas… ¿O debería decir lo escucho mas? No sé. El hecho es que ahora mi cuerpo tiene palabra.

En la noche. Siempre lo hago en la noche y desnudo. Sí, desnudo. ¿Ha intentado usted escribir vestido? No lo creo. Tal cosa seria un absurdo. Suelo perderme debajo de la ropa. “Ser” es una cosa muy minúscula. Las cosas pequeñas se pierden con facilidad. Mas aun en invierno que debemos llevar una bufanda y abrigo. 

Creo que escribo de nada. ¿Acaso hay otra manera de escribir? ¿Para que escribir de manzanas? ¿No cree usted que seria mejor comer una? Eso ya ahorraría bastante trabajo.

Bueno, como ya le dije escribir no debe tener siempre un fin. Creo ha sido suficiente. Discúlpeme si esperaba usted un poco mas pero se me antoja un café.

lunes, 18 de abril de 2011

Un par de palabras con olor a incienso

Permítame pensarlo un poco. Comprenderá usted que no es una tarea sencilla. Sí, ya recuerdo. Casi que puedo oler de nuevo el incienso que llenaba cada rincón de la Iglesia. Salía a mares de aquel incensario dorado que un monaguillo mecía sin descanso. 

El incienso había sumergido a la Iglesia en un tiempo y un espacio profundamente diferentes. No nos habíamos movido, pero indudablemente nos encontrábamos ya en otro lugar. Un espacio/tiempo extremadamente ceremonial que parecía velar con las cortinas de humo un misterio grande y divino. Las personas al parecer podían sentirlo. Respiraban y se movían con cautela. Yo –de la mano de mi abuela- casi que podía flotar. Sentía que me perdía en lo alto con el incienso. 

En aquel entonces percibía la iglesia como un espacio más amplio y generoso de lo que ahora realmente puedo constatar. La cruz grande e imponente del altar me parecía obra de algo de un orden diferente a lo humano. Repetidas veces la vi en sueños como una imagen que difícilmente mis ojos podían recorrer. Aquella era indudablemente la representación de una muerte divina, aunque en ese momento apenas si podía distinguirse tras el cuantioso humo que brotaba a sus pies desde el altar principal. Mi abuela rezaba mientras yo me perdía en los cantos y respiraba sin descanso aquel olor a Dios. 

No logro recordar que edad tenía y con mi abuela muerta no tengo a quien recurrir para intentar precisarla. Pero es el primer recuerdo que tengo de una vivencia religiosa. Podría incluso afirmar que es el primer recuerdo que tengo de cualquier cosa. Una imagen borrosa con olor a incienso que aun eriza mi piel al recordarla: mi abuela y yo en la Iglesia de San Marcos un domingo cualquiera de un año cualquiera.

domingo, 17 de abril de 2011

Mi primera vez!

Siempre he pensado que hay algo maravilloso en ir por primera vez a un teatro desconocido: cruzar la puerta, recorrer sus espacios,  vivir una obra desde un lugar nuevo y extraño.

El día escogido fue el sábado 16 de abril. La primera imagen: un patio hermoso y acogedor, con mesas iluminadas por velas, y en una de sus paredes una frase que aun hace eco en mí: "Si el libro que leemos no nos despierta de un puñetazo en el cráneo, ¿para qué leerlo?... Un libro tiene que ser un hacha que rompa el mar de hielo que llevamos dentro”, Kafka como siempre con la palabra precisa. Estaba encantado de conocer el Teatro Oficina Central de los Sueños, en el centro de la ciudad.

La obra: un recorrido surrealista a través del viaje de un joven por Estados Unidos, en la primera escena un par de inmigrantes en tonos marrón, emocionados,  llegan en barco a Nueva York… de ahí en adelante una sucesión de eventos bizarros e inesperados llevaran a Karl Rossman a vivir un sinfín de experiencias pobladas de personajes de sueño, propios del universo Kafkiano.

Los sonidos y voces en off,  el juego de luces y sombras  y un hermoso vestuario ayudan a transformar en imágenes las palabras de la reconocida obra de Kafka del mismo nombre.

“Amerika” una obra que espero muchos, al igual que yo, hayan tenido la oportunidad de disfrutar.

Agradecimiento especial al Teatro, por obsequiarme las entradas y a Paola, amiga del Alma por acompañarme. 

jueves, 14 de abril de 2011

Urgencia



Sin saber de qué, urjo profundamente. Es un sentimiento extraño. Es un sentimiento sin patas que se arrastra pesadamente debajo de mi piel. Me muevo entonces como en búsqueda de algo. Pero entre vagón y vagón de aquel tren que atraviesa la ciudad no logro tener éxito. Es una búsqueda extraña que me hace ahogar la respiración. 

Urjo sin descanso. Y aun en la noche casi desnudo no puede tenderme en la cama. Urjo de escribir. Y en la mañana urjo de dejar de urgir. Que horrible urgencia. Algo se me hace necesario, pero no sé que es. Ni dormir puedo. Pues ya dormido me urge despertar. Despertar un poco urgido para seguir buscando aquella arrastrada urgencia.

Quisiera ponerle patas a esta urgencia para que termine su recorrido. Pero a esta perversa urgencia le gusta arrastrarse. Se arrastra y se arrastra. Urjo y urjo. Quisiera dejarla salir, a arrastrarse por el mundo. Pero esta urgencia se me esconde.

martes, 12 de abril de 2011

Medea - Teatro La Hora 25


Y de nuevo en Medellín las Tragedias Griegas cobran vida en las tablas de la mano de Farley Velásquez (Director)  y Teatro La Hora 25. En esta oportunidad el turno fue para "Medea", una obra en la que lo femenino se mezcla con la locura, el odio y la pasión.

En la voz y cuerpo de Carola Martinez, Medea adquiere una potencia y una profundidad cada vez mayores a lo largo de la obra, dando paso al dolor, la desesperación, la angustia y la muerte. 

En medio del llanto y el grito Medea aparece en toda su complejidad: mujer, esposa, madre, bruja y asesina.

De resaltar, también, la actuación de Carolina Mazuera (Nodriza) quien con sus cabellos enmarañados, sus ojos desorbitados y sus dedos crispados, nos transporta al tiempo y el espacio del oráculo. 

“Medea” una historia de amor, traicion, odio y venganza. Obra recomendada, con excelentes actuaciones, gran iluminación y una interesante propuesta de vestuario.   

Mas información sobre la temporada en: http://www.teatrolahora25.com/index.php
Gracias a la Universidad EAFIT y a Teatro La Hora 25.
Felicitaciones y éxitos en esta temporada!

Idea a la distancia

Y entonces te hiciste premonición. Presagio de ti mismo. Idea a la distancia. Y lentamente me deje caer en la ensoñación de ti.

Y en la distancia te busque. Y a lo lejos te veía. Eras movimiento.

Y en lo más profundo y palpitante de mi ser presentí tu olor.Y tus ojos buscaban los míos. Y mi vida buscaba tu vida.

Y te hiciste urgencia de mí.

Y con antelación te sentí existir.

lunes, 11 de abril de 2011

La aparición

Aun cuando todos le habíamos visto él insistía en que aquello había sido una aparición. Sudando y un tanto alterado no admitía discusión alguna. Nadie le comprendía, nadie le comprendía nada, y al mirarnos sin decirlo en voz alta –pues las cosas relevantes se dicen en voz baja- coincidíamos en el hecho que por fin había enloquecido del todo.

Tomando un vaso de agua hablaba de su aparición. Decía que había faltado muy poco para que su piel saltara de su cuerpo a abrazarlo, a abrazar cada centímetro de su presencia, a abrasarlo con su calor. 

Decía que le envolvía una luz particular, como un aura de esa que le pintan a los santos en los cuadros y que por eso aquello no podía ser humano. Se lamentaba de no haberle entregado un par de llamadas empolvadas que llevaba en el bolsillo.

La historia ya había inundado el pueblo y cada momento llegaban mas personas a escucharle. Hasta el padre de la iglesia del parque había venido, pero luego de hacerle un par de preguntas concluyo que aquello no era obra de Dios: “nos estamos llenando de locos” decía mientras regresaba a la casa cural.

Todos aun le rodeaban, no querían irse sin saberlo todo. Decía que se le había aparecido de frente, y que antes no había sentido nada extraño. También menciono varias veces la palabra canela, pero nunca supimos si hablaba de un olor, de un sabor o de un color.

Al terminar el vaso de agua ya la gente se había cansado y regresaban murmurando a sus casas. No había querido dar mas detalles. Decía que iba a esperar a que fuera un periodista para contarlo todo. Las apariciones –afirmaba- no se ven todos los días.

domingo, 10 de abril de 2011

Presentación

Pasión Palabra 


Expongo una muerte: un movimiento, un giro, una torsión, un quiebre. Ha sido un viaje de dentro hacia mas dentro. El extravío era doloroso y luego de la muerte más dolorosa ha quedado la palabra.

Sí, pasión. Mi encuentro con mi voz y mi palabra ha sido mi pasión. Un padecimiento que toca mi cuerpo y mi alma. Mi voz y mi palabra las encontré en lo profundo. Fue necesario que cayera de dentro hacia mas dentro, hasta que hundido en mí, océano primigenio, me encontré con aquello otro que me habita. Allí descubrí una lengua nueva. Mi cuerpo aprendió la lengua del mar. De un mar de un liquido primitivo que contenía en sí todos los elementos. Mi cuerpo aprendió la lengua de la vida misma. Es que la vida misma soy yo mismo sin forma.

Y quise encontrar en mí lo humano de todos los humanos. Pero solo, en la oscuridad de mi mismo olvide que era lo humano.

Vague por días en mis cavernas. Recorrí lugares oscuros y húmedos en los cuales densas aguas mojaban mis pies. Y lentamente comencé a olvidar el susurro del mar. La lengua de lo vivo no me pertenecía y era necesario no recordarla más. Sin olas solo me quedo el grito. De los gritos se me devolvía un eco. Y en el eco escuche mi voz. Mi voz me sorprendía cada vez. Y lentamente encontré mis palabras. Aquello no era la lengua de lo vivo, era la lengua de los ecos de mi cuerpo.

Volar no abrió sus alas y la otredad del lenguaje no acogió mis ecos. Padezco la palabra y los gritos dejan en mi boca sabor a hierro. Es que en esto de ser uno mismo estamos solos. Lejos de lo vivo y lejos de los otros palabreo intentando crear un lazo diferente que me lleve de nuevo a ellos. Y en la soledad de mi habitación tejo mis ecos. Escribir no me da tregua.