Sí, tiene usted toda la razón. Hay ocasiones en las cuales escribo sin pensar que estoy diciendo alguna cosa. Escribir así me corta el aliento pues me enfrenta a la cuestión un poco neurálgica del ¿Por que escribo?
Debo decir que escribo por el puro placer de escribir. Escribo para no morir de vida. Aunque hacerlo me duela casi hasta el desmayo.
Escribir es pintar mi alma. Espero entienda lo que trato de decirle. Cada palabra es una pincelada. Por eso al final no todo tiene que tener algún sentido. Es pintura. Algunos cuadros se experimentan, eso escuche algún día que hoy no recuerdo. Es igual, al escribir me experimento, me noto, me percato de mi mismo.
Si mal no recuerdo lo primero que pinte fue mi cuerpo, es decir, lo primero que note fue que tenía un cuerpo. Ahora –creo- tengo más cuerpo. Es el mismo, por supuesto, pero habla mas… ¿O debería decir lo escucho mas? No sé. El hecho es que ahora mi cuerpo tiene palabra.
En la noche. Siempre lo hago en la noche y desnudo. Sí, desnudo. ¿Ha intentado usted escribir vestido? No lo creo. Tal cosa seria un absurdo. Suelo perderme debajo de la ropa. “Ser” es una cosa muy minúscula. Las cosas pequeñas se pierden con facilidad. Mas aun en invierno que debemos llevar una bufanda y abrigo.
Creo que escribo de nada. ¿Acaso hay otra manera de escribir? ¿Para que escribir de manzanas? ¿No cree usted que seria mejor comer una? Eso ya ahorraría bastante trabajo.
Bueno, como ya le dije escribir no debe tener siempre un fin. Creo ha sido suficiente. Discúlpeme si esperaba usted un poco mas pero se me antoja un café.