miércoles, 9 de septiembre de 2015

Aves moribundas


He silenciado el mundo…
Lo que ha quedado es un grito mudo que sale desde mi profundidad.
Palabras desterradas de mi. Palabras tiradas en el piso.
Palabras que se retuercen como aves moribundas. 
Palabras que no logran alzar el vuelo.

Hoy las recogí...
No para escribirlas sino para clavarlas duramente en el papel.
Son un sacrificio doloroso mis palabras.
Aun en el papel se retuercen y graznan.

Estas palabras se niegan a morir sin antes llegar a ti.
Intento descifrar lo que buscan decirte mis palabras,
pero ha sido largo - tal vez muy largo - el silencio de la huida,
 he olvidado en que idioma hablan mis palabras.

Creó que quieren contarte que sigo avanzando hacia la cordura...
¡Pero no hay señalización en el camino!
¿Acaso tu podrás decirme en qué dirección avanzo?
Se piensa mucho cuando se camina. Demasiado tal vez.
Y la comodidad de los ojos cerrados se vuelve insoportable.

¿Ves como no logró decirte nada?
Eso pasa cuando se ha renegado de las propias palabras.
Cuando se ha huido. Cuando se ha callado.
Cuando le has dado la espalda a tus palabras.

Quisiera poder escribirte sin espacios, sin puntos ni comas.
Podrías leer todos los acontecimientos. Pero el todo es tan confuso.
Hace falta el espacio. Solo con el podemos comprender un poco.

Tan solo dime…
¿Dónde estamos cada vez al final del día? ¿En qué aire ¿En qué ojos?
¿Estoy en tu amor al final del día?

¡Todo es tan confuso!
Estoy pensando sin espacios.

¿Ves? ¿Ves porque temo silenciar el mundo?

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