He silenciado el mundo…
Lo que ha quedado es un
grito mudo que sale desde mi profundidad.
Palabras desterradas de
mi. Palabras tiradas en el piso.
Palabras que se retuercen
como aves moribundas.
Palabras que no logran alzar el vuelo.
Hoy
las recogí...
No para escribirlas
sino para clavarlas duramente en el papel.
Son un sacrificio
doloroso mis palabras.
Aun en el papel se
retuercen y graznan.
Estas
palabras se niegan a morir sin antes llegar a ti.
Intento descifrar lo que
buscan decirte mis palabras,
pero ha sido largo - tal
vez muy largo - el silencio de la huida,
he olvidado en que idioma hablan mis palabras.
Creó
que quieren contarte que sigo avanzando hacia la cordura...
¡Pero no hay señalización
en el camino!
¿Acaso tu podrás decirme
en qué dirección avanzo?
Se piensa mucho cuando
se camina. Demasiado tal vez.
Y la comodidad de los
ojos cerrados se vuelve insoportable.
¿Ves
como no logró decirte nada?
Eso pasa cuando se ha
renegado de las propias palabras.
Cuando se ha huido.
Cuando se ha callado.
Cuando le has dado la espalda a tus palabras.
Quisiera
poder escribirte sin espacios, sin puntos ni comas.
Podrías leer todos los
acontecimientos. Pero el todo es tan confuso.
Hace falta el espacio. Solo
con el podemos comprender un poco.
Tan solo dime…
¿Dónde
estamos cada vez al final del día? ¿En qué aire ¿En qué ojos?
¿Estoy en tu amor al
final del día?
¡Todo
es tan confuso!
Estoy pensando sin
espacios.
¿Ves?
¿Ves porque temo silenciar el mundo?


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