La felicidad en mis palabras es breve
como un guayacán en flor.
Y su aspereza es larga
como desnudez de invierno.
Palabras de amores tercos y desdichados:
que no se olvidan, que nunca sanan.
Ven que mi carne tiembla
ante la premonición de ti.
Ven con tu fugacidad de ensueño
y abre una nueva herida en mi pecho.
En flor esta mi amor… en flor.


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